Un juicio y las polaroids son los ejes que se anunciaban como los que marcarían la más reciente temporada de 13 reasons why, la serie de Netflix que en su primer ciclo nos contaba de las razones que grabó Hannah Baker en unas cintas detallando porque había decidido quitarse la vida, y señalaba a los responsables que iban desde compañeros a el consejero del colegio de llevarla a tomar tan terminante decisión.

La más reciente temporada, se estrenó este pasado viernes, y tanto realizadores como actores sostenían que pese a que ya no tenían libros que adaptar de Jay Asher, si había más que contar, y tenían razón. La primera temporada terminó con la familia Baker obteniendo las cintas para comenzar las acciones legales para pedir justicia por su hija. No obstante, voy a ser honesta mis queridos freakys: yo no estaba muy a gusto con el prospecto de una segunda temporada: Si, tenía ganas de saber que pasaría, las consecuencias de la muerte de Hannah y como sería eso para los chicos, pero a la vez sabía que una segunda temporada estaría para alargar la serie por 13 capítulos y desgraciadamente en muchos sentidos a lo largo de la serie, se siente así: que crearon nuevos personajes para rellenar la pantalla y llenar los 13 capítulos de una hora cada uno.

Sabemos lo que pasó el año pasado con la primera temporada: fue un fenómeno porque decidía contar una historia de temáticas complejas: el acoso escolar y la indolencia de las autoridades escolares. Con esos ingredientes, llegó el éxito, pero también la polémica, y al centro de ella estaba el hecho de que Hannah Baker (Katherine Langford) decidía quitarse la vida y dejar listas unas cintas en que contaba su historia, sus motivos y develaba secretos de sus compañeros y profesores. En su momento se llegó a decir que esta serie era una apología al suicidio y que carecía de cuidado a la hora de advertir de escenas gráficas de violaciones y suicidios, controversia que se confirmó con personas que efectivamente hicieron lo mismo que Hannah Baker. Pero volviendo a lo que es la serie, cada capítulo era un motivo, una pieza del rompecabezas que te invitaba a querer descubrir más, lo que no termina de pasar aquí.  Porque no se siente como un misterio, y hay muchos capítulos que por eso, se sienten tediosos y difíciles de ver.

Sin embargo, logré terminar la temporada y seguro ustedes preguntarán: ¿cumple con las expectativas Kobato? Y les responderé mis queridos freakys. Si y no. Si, nos da un juicio, y nos muestra la búsqueda de justicia, pero a la vez se queda corta y uno se siente frustrado y con gusto a poco, con la sensación de que se podría haber hecho mucho más, sobre todo y considerando que a la mayoría de los personajes ya los conocemos.

Ya han pasado cinco meses desde la muerte de Hannah y comienza el juicio en el que su madre (Kate Walsh) demanda al instituto por permitir esa cultura del acoso que llevó en último lugar a la muerte de su hija. Por su parte Clay (Dylan Minette) intenta seguir con su vida, cosa que no será fácil, y no solo a él, sino también a sus compañeros que han sido llamados a declarar al juicio, unos intentando ayudar, y otros intentando desacreditarlos, paralelo a eso, estarán dando vuelta estas polaroids y amenazas a cada persona que va a declarar para callar lo que saben.

Mientras que en el primer ciclo, el motor de esta serie era Hannah, aquí, al estar muerta regresa en calidad de flashback y alucinación/fantasma y aparece incluso mucho más que en la primera temporada, y por otro lado, pese a que conocemos a los personajes, una de las grandes falencias de esta serie, es el hecho de que estos mismos pareciera que no son consistentes con lo que mostraron en la temporada anterior, incluyendo a la misma Hannah. También como en la temporada anterior, se develan muchos misterios, como relaciones prohibidas, algunas aunque se sienten extrañas y hasta sacadas de la nada porque hacen que lo que pasó en la primera temporada carezca un poco de sentido, provocando que se enturbie la historia de Baker. Hay otras relaciones y revelaciones que funcionan un poco más.

Quizá la mayor fortaleza radique en la historia de Jessica (Alisha Boe) y las secuelas de su violación. Historia que ya destacó como una buena subtrama en la primera pero que aquí sí que hay material para contar y desarrollar, pero que aquí en vez de ser lo principal, pasa muy a segundo plano, aún así destaco mucho su actuación.

Y con eso dicho, si ya en la temporada pasada nos mostraron dos escenas muy gráficas de violación y de suicidio ¿hay algo así en esta temporada? Si, lo hay, y desgraciadamente, se trata de una escena bien gráfica que sabemos que es para generar impacto y enganchar con una tercera temporada, nuevamente se nota la falta de cuidado y de responsabilidad con el público al que apuntan y que los ven. No voy a entrar en detalles y sin duda esto dará para otra ocasión, pero, lo que si les recomiendo y pido encarecidamente es que esto, si ustedes son menores de edad, lo vean en compañía de un adulto responsable.

Lo otro que molesta mucho de esta temporada es lo cruel que es este mundo: si, sabemos que el mundo no es sencillo, no es justo, pero también sabemos que puede haber esperanzas y uno quiere pensar que la justicia eventualmente llegará. Y eso hace que sea difícil ver la serie, porque pareciera que no hay ninguna luz de esperanza. Y uno puede pensar que el mundo es cruel, pero, a la vez, el mundo cambia día a día, nosotros evolucionamos, crecemos y maduramos y aprendemos a lidiar con ello. Nos adaptamos, y podemos ver lo bueno hasta en las situaciones más inesperadas, sabemos de lo malo, pero no nos volvemos esclavos de nuestros males, sino que nos volvemos más fuertes porque lo podemos superar, sé que el mundo muchas veces puede verse malo, pero les aseguro mis queridos freakys, se puede volver mejor, si nos acordamos de encender la luz.

 

 

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