phpThumb_generated_thumbnailjpgPartiré esta alabanza (porque si, será una alabanza) aclarando que Alejandro González Iñárritu no es santo de mi devoción. Sin ir más lejos, en este mismo espacio dijimos de su última película, “Biutiful”, hace 5 años atrás: “una cinta algo pretenciosa, repleta de calamidad gratuita como se las tiene de acción y sexo, rescatada por el ojo magistral de González Iñárritu y la poderosísima interpretación de Javier Bardem” . El mexicano, que hace rato tiene al mundo del Cine en la palma de sus manos, golpea esta vez con una reflexión mucho más radiante y vibrante,  y con el mismo magistral ojo puesto sobre otra, nueva poderosísima interpretación.

 

“Birdman” es la historia de Riggan Thompson (el aquí magistral Michael Keaton), un acabado actor recordado en el mundo entero por su interpretación de un popular superhéroe (que, digamos, alguna semejanza guarda con el personaje de Alex Toth popularizado por Hanna-Barbera en los ’60). Thompson está sediento de respeto, admiración e inmortalidad, y se ha jugado el todo por el todo con un regreso al spotlight dirigiendo, produciendo y protagonizando un montaje teatral. “Birdman” no intenta jamás esconder el obvio paralelo entre la carrera del egomaníaco y perturbado Riggan y el mismo Keaton, desaparecido paulatinamente del mainstream luego de encarnar a Batman, y no en vano el año de la última entrega de la ficticia franquicia de “Birdman” coincide con el estreno de “Batman Returns”. En el desopilante viaje de Thompson por recuperar la gloria, chocará contra un obsesivo y stanislavskiano actor de método (Edward Norton, totalmente genial), una desapegada y descarriada hija (Emma Stone, brillante aquí también), y el peor rival de todos: un alter-ego representado en el personaje de Birdman, que lo atormentará con reflexiones de una vida pasada y mejor, rodeada de éxito, riqueza y aplausos.

 

González Iñárritu reflexiona sobre la (diré supuesta) frontera entre Arte y Entretenimiento, sobre la validez de lo comercial, sobre pretensiones, la crítica y el amor propio, pero ninguna de estas reflexiones logra comerse del todo el centro de “Birdman” : la historia de un hombre que quiere ser amado, cuyo peor enemigo es él mismo. Esa es la fuerza de este peldaño en la evolución personal del director: su meollo en esta ocasión es cálido, humano y totalmente atrapante. El mexicano utiliza complejos artilugios fílmicos para retratar la historia de Riggan Thompson sin interrupciones, a través de un infinito plano secuencia logrado con gran ingenio y técnica, que contiene en si días y noches, y que pone a los personajes en el centro de todo. Usa Cine para borrar el Cine, para poner a los actores en la palestra por sobre cualquier recurso fílmico. Los actores son presentados ante el espectador aparentemente desprovistos de la protección de un montaje, desnudos, dotados de un realismo aplastante que a la vez aglutina y carga de magia a los elementos más surreales del filme, borrando la línea entre realidad y fantasía. Por eso, a nadie ha de extrañar que cada uno de los protagonistas de “Birdman” sea una carta fuerte en su categoría en la próxima entrega de los Oscars. La película los coloca ahí, al centro, convertidos en el eje de todo.


La apuesta de Gonzáles Iñárritu de un impecable retrato humano y fantástico en plano secuencia, con una banda sonora mezcla de solo de batería y composiciones clásicas, es arriesgada y paga. “Birdman” es una historia sobre Arte, Cine y Vida, y las personas atrapadas en ellos, y para todos aquellos que amen estos tópicos, resulta simplemente imperdible.

 

En Cines de todo el país, “Birdman”… gran favorita para los premios de la Academia, que como siempre decimos, tal vez no siempre le haga justicia al termino “lo Mejor de lo Mejor”, pero siempre entrega algo que vale la pena

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