“Dunkerque no da respiro, te mantiene al borde del asiento, te absorbe, te envuelve, te hace parte, te hace uno más, te hace uno más de los 300.000 soldados varados en esa playa esperando a ser rescatados o a la muerte misma. Estuvimos en Dunkerque. Gracias, Nolan”

[Rating: 5/5]

SINOPSIS: En plena Segunda Guerra Mundial, cientos de miles de británicos y tropas aliadas se encuentran rodeados por las fuerzas enemigas en la ciudad francesa de Dunkerque. Atrapados en la playa con el mar a sus espaldas, se enfrentan a una situación imposible mientras el ejército contrario se acerca.

RESEÑA: Cuando hablas de experiencias cinematográficas lo primero que se viene a la mente es Christopher Nolan (Interestelar,El Origen, ). Soy una fanática de sus películas, no puedo negarlo, y cuando fui a ver Dunkerque ya había leído algunos comentarios y también me había hecho mi propia visión de lo que iba a ver. Obviamente iba con las expectativas en el cielo y esperaba sentarme y ver, si no es que la mejor película del año, sí uno de los cinco primeros puestos. Siempre es igual con Nolan, siempre voy súper “hypeada” y siempre cumple, siempre. Y Dunkerque no es la excepción.

Es difícil explicar la experiencia Dunkerque, hoy tuve que hacerlo con algunas amigas y público general (me refiero al público que va al cine a entretenerse y le importa un carajo si el plano secuencia está bien o no) y me costó una enormidad darme a entender. Esta cinta, la primera en que Nolan se aventura en el cine bélico, es más que una película, es una experiencia cinematográfica única y cada espectador la vivirá de diferente. No podría describirlo de otra manera.

“Esta no es una película sobre el bien y el mal”

Es interesante ver al director desenvolverse en un género tan apegado a la realidad, era primera vez que Nolan dirigía una historia basada en un hecho real y se lo toma completamente en serio. Dunkerque no es un filme sobre heroicas banderas flameando en medio de la guerra, no es una película de héroes, o del bien y el mal, esta es una película profundamente humana, humana en el sentido del instinto más básico de supervivencia, donde no existen buenos ni malos, donde no hay un villano visible, no existe una encarnación del mal, es el ser humano desnudo en su naturaleza más básica, pero a la vez más elevada. Somos capaces de mucho bien y de mucho mal, todo está en nosotros. En ese sentido es casi como un documental. Y lo sería completamente, de no ser por el trabajo extraordinario, a niveles de maestría, que el director hacer con la narrativa de la película.

Dunkerque está contada en tres frentes: tierra, agua y aire y cada uno en diferentes tiempos: 1 semana, 1 día y 1 hora. Todo esto convergerá en algún minuto de la película. En resumen, es El Origen elevado a la décima potencia. Nolan construye y destruye su propio relato solo para volverlo a armar unos minutos después de una manera magistral. Para aquellos que estudian cine, creo que esta película es el ejemplo gráfico de lo que significa el relato dentro de los elementos cinematográficos. Con un guión que puede parecer básico, el director realiza un trabajo impresionante en contarnos los pormenores de la Operación Dínamo donde se mezclan el ya mencionado relato, fotografía y música para dar a luz una experiencia que muchos nos dejó pasmados. 24 horas después de haberla visto recién comienzo a digerirla.

No hay buenos ni malos en Dunkerque, eso ya lo dijimos, tampoco hay protagonistas ni antagonistas. Esta es la historia de varios hombres tratando de sobrevivir, tratando de hacer lo mejor que pueden con lo que tienen, tratando de ayudar, tratando de ver esperanzas donde parece que no la hay. Los actos heroicos son pequeños, una palabra, un gesto que puede cambiar el curso de la historia, o bien de la historia de un solo personaje, un pequeño diálogo puede hacerte llorar, una mirada puede representar la amistad, así como en la vida. Nunca me sentí tan cerca de la guerra como con esta película. Y eso es difícil de explicar.

Siendo una película que podríamos llamar coral y sin haber un protagonista claro, las actuaciones son especialmente crudas, exudan realidad, los momentos para que cada actor pueda lucir sus dotes histriónicos son escasos, pero no inexistentes y la mirada decidida de Tom Hardy desde el cielo, la lucha por sobrevivir del debutante Fionn Whitehead, la locura contenida de Cillian Murphy, la calma de Mark Rylance, y la compostura de Kenneth Branagh hacen un todo cohesionado, son piezas de un reloj que no se detiene y que funciona sin contratiempos.

Los Aspectos Técnicos en favor del Lenguaje Cinematográfico

Respecto a los efectos especiales de la cinta, hay que decir que, tal como siempre le ha gustado a Nolan, se realizaron en su mayoría con lo que muchos llaman “practical effects” esto quiere decir que se usaron sets, explosiones y hundimientos reales y no efectos de computadora. Eso le agrega una realidad tangible y aunque el espectador no sepa nada de cómo se grabó la cinta (efectos prácticos y mal clima incluidos) esa realidad se percibe, se siente el esfuerzo de los actores por grabar una toma, su respiración, su actitud es diferente. Y eso el público lo sabe.

No tuve el placer de verla en IMAX aún, sin embargo sabemos que está grabada casi en su totalidad para este formato, tal cual lo anunciábamos hace algún tiempo en nuestra nota, la edición de sonido y la potencia de las imágenes deben ser una experiencia abrumadora en una sala IMAX.

Respecto a la música, Hans Zimmer realiza un trabajo excepcional al entender el concepto de Nolan, gracias a su score todos los elementos convergen de manera perfecta para crear una ambientación angustiosa y la sensación de estar siempre contrarreloj. Cuando estamos viendo la historia en tierra el score se desacelera, pero cuando estamos en el aire el tempo de la música se acelera y la angustia se acrecienta. La música de Zimmer reemplaza a los diálogos, esos que se ha decidido minimizar. No hay necesidad de palabras cuando el lenguaje cinematográfico -visual y musical- hablan por ti.

Otro aspecto importante de mencionar, es la carencia de escenas sangrientas, las que abundan en especial en este tipo de cine. No vemos sangre, ni cabezas explotando, ni tripas saliéndose de los cuerpos. Es el sonido el devastador, el que nos hace entender que estamos en una guerra, los sonidos de las explosiones nos hacen sentir pequeños y en peligro. Esta película nos entrega dolor, sí, mucho dolor, pero es un dolor interno, un dolor del alma, no aquel dolor de ver la sangre saliendo de un cuerpo, es el dolor de la guerra, ese dolor que se quedará con sus sobrevivientes para siempre, ese que no los dejará dormir por las noches, ese que descarta la palabra “cobarde” y “valiente” de la ecuación. La edición de sonido es simplemente para el Óscar.

Esta es sin duda una de esas películas que se van directo a la temporada de premios, en mi opinión, se merece cada nominación que pueda recibir, creo que definitivamente es una fuerte candidata para varios premios de la Academia, desde edición de sonido, banda sonora, montaje hasta posiblemente mejor director, podrían ser algunas de los premios que podría ir cosechando en un futuro cercano.

Pero más allá de los aspectos técnicos, de los premios y de los halagos de la crítica, está la sensación que deja esta experiencia cinematográfica llamada Dunkerque; la piel de gallina, la angustia permanente, la realidad latente. Dunkerque no da respiro, te mantiene al borde del asiento, te absorbe, te envuelve, te hace parte, te hace uno más, te hace uno más de los 300.000 soldados varados en esa playa esperando a ser rescatados o a la muerte misma. Estuvimos en Dunkerque. Gracias, Nolan.

Pero como siempre, son ustedes, mis estimados freaks, quienes tienen la última palabra.

Obra maestra.

Erika Moreno I.

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